Hace años me dieron radioterapia para curar un cáncer de próstata, después de un tiempo comencé a orinar sangre y a no poder controlar la orina. Los doctores me dijeron que la radiación había quemado mi vejiga y que si no mejoraba tendrían que quitármela, ya que por culpa de los sangrados mi vida corría peligro. Me dijeron que la única alternativa que tenía era tratarme en la cámara hiperbárica y así lo hice. Tras un tratamiento de 30 sesiones dejó de aparecer sangre en mi orina, mis molestias disminuyeron muchísimo. Y sobre todo mis doctores me dijeron que ya no era necesario extraer mi vejiga.



